La Cafetera

La casa de mis suegros se ha vuelto famosa por el café que prepara mi suegra. La casa ahora esta llena de visitas, la mayoría usa cualquier pretexto para venir, una vecina que viene a cambiar una planta, otra que viene a comprar chile, una tía que viene a invitarnos al rosario de la virgen, la que viene a platicar los chismes del pueblo, la que se entera que estamos aquí y viene a consultarnos, la que nos trae reliquia, el que viene a buscar a mi suegro para algún trabajo de madera, o la gente que ya vive fuera y viene de visita. A todos irremediablemente se les ofrece, obligados por la universal ley de la hospitalidad, una taza de café. Los que lo prueban por primera vez después hasta se atreven a pedir otra taza. 

El ritual es siempre el mismo, tocan la puerta o la campana que hace las veces de timbre y entran (la puerta de la casa siempre esta abierta y todo mundo sabe que puede pasar), y buscan a la gente de la casa, en la cocina, en los corrales o a grito pelado. Después de los saludos de rigor, de inquirir el motivo de la visita, se pasa a la cocina y a la anhelada taza de café.

Este ritual es nuevo, y no se debe solo a que mi suegra ofrezca café en grano y no nescafe, si no a un pequeño cacharrito. Una cafetera Bialetti Moka express de aluminio, hecha en Italia. ¿Como se que es esta cafetera la culpable de esta fama?, pues por que esta cafetera hasta hace poco de dos meses era mía. La traje al rancho cuando vine a pasar el puente del 16 de septiembre, como ya empezaba a hacer frio quise asegurarme mi provisión de café caliente. En cuanto la saque a mi suegra le llamo la atención, así que le enseñe como se preparaba el café en mi artefacto y desde el momento de ponerla al fuego mi cafetera hizo su magia, (como todo lo italiano, transformamos lo más simple en un arte), la cafetera inundo la cocina con el perfume del café, con su silbido nos fue anticipando el final de su tarea, y cuando el café estuvo listo serví la primera taza para mi suegra. Se extraño al ver que la cantidad de café era poca comparada con el tamaño de la cafetera. Pero cuando probo aquel oscuro brebaje su cara se transformó. El hechizo de la cafetera la había alcanzado. Después, pretextos le sobraban para prepararse taza tras taza. 

Por las mañanas ella y yo nos despertábamos temprano y compartíamos la primera taza de café del día, una de esas mañanas ella me pregunto que si la cafetera era cara y si podría cuando ella juntara dinero comprarle una. Me costo poco decidirme, y le dije que le regalaba la cafetera. Aunque ella se negó, con poca convicción debo decir, al final termino aceptándola. Y ahora, la cuida mas que a su esposo. 

Pero como todo regalo mágico siempre acarrea su propia maldición, el café y su fama se han extendido por todo el pueblo, lo que hace que las visitas abarroten la casa a todas horas, y ha obligado a que siempre deba haber azúcar, crema, leche y muchas tazas limpias. 

Tanta visita empieza a cansar a mi suegra, la interrumpen mientras riega y entonces la mitad de sus plantas se quedan con sed, mientras da de comer a las gallinas se le escapan las aves, cuando barre la infinita tierra del patio se le pierde la escoba. También se esta convirtiendo en barista a fuerza, que, si uno quiere el café con leche deslactosada, o entera, o bronca, o Lala o Alpura o con coffemate, que sin o con azúcar, o mascabado, o miel. En taza grande, en taza chica o en tarro. Todo eso gratis y sin propina, con buena cara y sin refunfuñar. El pago de mi suegra viene cuando las visitas le alaban el café y chulean su cafetera y ella (con cierto aire de superioridad) les platica que es una cafetera moka express italiana que le regalo su yerno el esposo de su hija la más chica y les explica cómo funciona la cafetera. Su sonrisa mientras platica todo esto traiciona sus quejas y refleja el gusto que le da.

En cuanto a mí, aunque extraño un poco mi cafetera, debo confesar que ya tenia en casa desde hace tiempo una sustituta. Hace algunos años curioseando en una tienda de antigüedades encontré una cafetera italiana de los años 50, de aluminio anodizado color cobre, en su caja original aun cerrada. Una antigüedad que resulto ser nueva. 


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