La Pescadera

Cuando era niño tenia la ilusión de casarme con la hija de un panadero, así tendría pan asegurado el resto de mi vida, y en el momento adecuado heredaría la panadería, con todos sus secretos y su infinita provisión de pan. Conozco a algunos panaderos, a sus hijas, pero no son material matrimoniable para mí. Así que obviamente ese deseo de infancia no se cumplió.

La primera vez que fui al mercado cerca de mi piso en Sevilla me dediqué a recorrer todos los locales, ver que vendían, comparar precios y que mi instinto me dijera donde comprar. De esa manera escogí donde comprar la verdura, la carne, los enlatados, el pan. Caso especial fue donde comprar el pescado. Al ser Sevilla una ciudad casi costera existe una variedad de pescados y mariscos mediterráneos completamente diferente a lo que yo podría estar acostumbrado. Donde vivo no tenemos mucha oportunidad de tener pescado fresco y la variedad de productos y platillos es bastante limitada Tampoco es que yo sea muy aventurero con el tema del pescado, algo raro si considero que mi papá alguna vez fue dueño de un restaurante de mariscos. 

El punto es que, como la ves pasada en Almería, quise darme la oportunidad de cocinar pescados y mariscos, (además de solo ir a comer a restaurantes).

Por lo tanto, escoger donde comprar pescado era algo serio, no sabia si mi instinto estaría lo suficientemente desarrollado, por lo que decidí ser cuidadoso. Recorrí todos los locales de mariscos varias veces, era temprano, así que pude observar a todas las viejitas comprando, lo cual es siempre un buen indicador. De esa manera llegue a un local donde paso la magia. Me enamore de la pescadera. No era para menos, la verdad era muy guapa. El local tenia buenos precios y la selección era bastante variada. Mi primera compra fue un trozo de atún, fueron poco mas de dos kilos de atún fresco, quería hacer una receta que había comido hacia poco en un bar en el centro. (Tacos de atún, que después pondré aquí con todo y coloridas fotos).  

Cada semana pasaba invariablemente a verla, así supe que se llamaba Mari Carmen, que había heredado la pescadería de su padre y que la trabajaba junto con su hermana. 

Tenia una rutina establecida cada que iba al mercado, primero iba a la carnicería, compraba jamón, (serrano obviamente) y carne. Después iba a la frutería donde me entretenía comprando fruta y verdura a medida que iba inventando o recreando recetas en mi mente. Por último, terminaba con la pescadera. Por hacerle platica siempre le preguntaba cosas. ¿Qué era ese pescado?, ¿De dónde venía aquel?, ella como buena vendedora iba contestando pacientemente a todas mis preguntas y hasta me fue compartiendo algunas recetas. Gracias a esas platicas prepare chipirones a la plancha y con pimientos, aros de calamar con alioli, o a la plancha con cebolla y perejil, o mis favoritos, anillas de calamar en salsa. Resulta que también soy bueno para los pescados y mariscos.

Mientras ella me despachaba, yo la veía y me iba imaginando nuestra vida juntos, despertarnos temprano para ir a la lonja a comprar el producto que venderíamos, abrir temprano el local, limpiar, poner hielo, acomodar el producto. Despachar durante todo el día, platicar con los clientes, de pronto entre pausa y pausa plantarle un buen beso con agarrón de nalga incluido, (de esos que denotan amor y deseo). Reírnos y enojarnos. Hablar de lo mal que esta el mundo, México y España. De lo bien que estamos ella y yo. De trabajar duro. Ya hasta me imaginaba en uno de esos programas donde entrevistan extranjeros que ahora viven en España. Decir que fue amor a primera vista. Que jamás me imagine terminar casado con una pescadera. Que ahora ya se cocinar pescaito frito. Que casi no extraño México, y que me pregunten de los tacos.

Pero nuestro idilio duro poco tiempo, apenas el tiempo suficiente como para dedicarle este post.

Pd. Les dejo aqui un bonito reportaje sobre el Mercado del Tiro de Linea

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